Por María Jesús Lavín

El juego, por muchos años, ha sido asociado a los niños y al tiempo de ocio, pero dicho en concreto; es una parte vital del ser humano en todas las edades y más allá del ocio, el juego nos permite aprender habilidades, relacionarnos con otros y desarrollarnos a lo largo de toda nuestra vida. 

Es cierto que los primeros años de vida cobra especial relevancia porque el cerebro tiene un excedente de neuronas predispuestas ha crear nuevas redes, recibiendo toda la estimulación que ofrece el entorno, de esto nace el dicho: “los niños son como esponjas”. Además, hasta los 7 años, el hemisferio derecho predomina en el cerebro del niño y es el relacionado con la imaginación, el pensamiento divergente, la fantasía, el asombro, la creación libre. Y todo lo que suceda en estos años será la base y plataforma de los aprendizajes que vendrán con la lógica del hemisferio izquierdo más adelante.

¿Cómo podemos acercarnos a los niños en esta edad? ¿Cómo aprenden? ¿Qué necesitan para desarrollarse? La respuesta a todas estas preguntas es la misma: JUEGO. Y es que el juego libre es crucial para construir esta plataforma en un lenguaje que ellos comprenden y disfrutan. A través del juego, los niños aprenden valores, normas, roles, conductas, interiorizan conceptos, exploran el mundo que les rodea y se relacionan con él, conocen rasgos de su cultura, desarrollan su pensamiento e inteligencia, se integran en el mundo adulto y, por sobre todo, se divierten. (López & Vázquez, 2018).

Los adultos a veces olvidamos la importancia de jugar, movernos e imaginar libremente, porque estamos constantemente buscando la lógica en nuestros actos y tenemos miedo a hacer el ridículo, pero el hemisferio izquierdo necesita al derecho para estar en armonía y este último actúa como un bálsamo para el alma, para enfrentar las crisis, para liberar nuestras emociones y enfrentar las dificultades del día a día. 

También es la instancia perfecta para compartir con nuestros hijos, sobrinos, nietos y dejar salir toda la creatividad que el hemisferio derecho nos puede ofrecer, porque el juego en todos los seres humanos es una necesidad vital que contribuye al equilibrio, es actividad, aventura y experiencia, es un medio de comunicación y de liberación bajo una forma permitida, el juego es indispensable para el desarrollo físico intelectual y social. (Carrión, 2020).

La invitación hoy es a perder el miedo, a meternos de lleno en el juego con nuestros niños porque es una de las maneras más lindas de conectar con ellos. Tu hemisferio derecho sigue ahí, solo hay que dejar por unas horas la lógica a un lado para permitirnos imaginar. Bienvenidos los juegos de roles, las creaciones, las vacas que vuelan, los árboles de distintos colores y las ciudades donde felizmente conviven dinosaurios y humanos. Nada hace más feliz a los niños que los adultos que comparten con ellos ese espacio y tiempo.